
La delgada línea de una comunicación disfrazada en los intereses del poder está tan presente en la cotidianidad con un delicado cuidado que logra mimetizarse y pasar desapercibida.,
Con la construcción casi formal del nombramiento de lo físico y, más difícil aún, de los sentimientos, el hombre comenzó a pensar en lo provechoso del uso de la palabra para sus intereses, para lograr objetivos que sin necesidad de fuerza bruta iba consiguiendo incluso con el beneplácito de sus perjudicados.
Descubrió paralelamente que esto requería más cuidado que asentar un palo en la cabeza de su vecino, que tenía que ser más premeditado, más analizado, en definitiva más pensado. Aunque ninguna de estas palabras estuvieran en la estructuración mental de ese hombre antiguo.
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